Posterous theme by Cory Watilo

Claraboya

Quizás uno de los libros más esperados del año sea esta novela hasta hoy inédita de José Saramago (1922-2010), Claraboya, que “cuenta la historia de un edificio donde viven cinco inquilinos que se ven, sucesivamente, envueltos en un enredo”, a decir de la directora de Alfaguara en México, Marcela González. Originalmente, Saramago escribió esta obra después de la publicación en 1947 de su primera novela Tierra de pecado.

 

Para los lectores de Saramago, será interesante descubrir al entonces novel escritor en el tono primero de sus libros, que se volvió célebre a partir de Levantados del suelo (1980) o El evangelio según Jesucristo (1991), en las que ya domina el estilo poético, íntimo y contestatario que lo distinguió. ¿Claraboya tendrá las ideas sociales y políticas de sus escritos?, se preguntará el lector.

 

Algo que sí tendrá ese libro, es seguro, es el “hilo rojo” al que aludió Saramago en una entrevista de 2007 para su editorial, Alfaguara: “Ese hilo rojo sería para mí un sentido de responsabilidad con respecto a la escritura. Escribiendo mejor o peor, yo sabía cuál era mi tarea. Sin ninguna reserva, era un escritor”.

 

De eso no hay duda. Esta temporada leeremos buena literatura otra vez.

Betibú

La escritora y guionista argentina Claudia Piñeiro (1960) publicó a finales de 2011 una novela policiaca, Betibú (Editorial Alfaguara) que retrata la relación del periodismo con el poder, a través de la investigación de un crimen en el country de alto nivel La Maravillosa.

 

Ésta sería ya la sexta novela del mismo género que Piñeiro escribe, aunque yo sólo he leído antes la excelente Las viudas de los jueves (Alfaguara, 2005), el crudo retrato de Altos de La Cascada, un country de la provincia de Buenos Aires, contado a partir de la vida de siete familias que viven ahí, y el suicidio de uno de sus integrantes.

 

Piñeiro ganó en 2010 el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, que reconoce la excelencia del trabajo literario de mujeres de lengua española de América Latina y el Caribe, por otra de sus novelas policiacas, Las grietas de Jara (Alfaguara, 2009). Quizás baste decir en favor de esa novela que el Premio ha sido otorgado también a escritoras de primera línea, como Elena Garro, Margo Glantz, Almudena Grandes, Angelina Muñiz Huberman, Laura Restrepo, Cristina Rivera Garza, Paloma Villegas y otras distinguidas escritoras más.

 

Betibú está por llegar a México, de acuerdo con el suplemento cultural “El Ángel”, del diario mexicano Reforma. Habrá que leerla.

Cacerías

El poeta mexiquense Oliverio Arreola (1974) ha escrito un libro de referencias marítimas, de secuelas acuáticas y húmedas intensidades. No es esa la primera impresión que tiene uno cuando lee el título de este poemario: Cacerías (Mantis Editores, 2011). Tiende uno a pensar en bosques, praderas extensas, escopetas, caballos y lebreles. Pero no, Cacerías se adentra en la espesura de un mar mayormente amoroso, apoyado primero en los autores mayores que han escrito desde esa experiencia: Herman Melville, Claudio Eliano, José Gorostiza y Gilberto Owen, para luego ahondar en ambientes que siempre juegan al doble sentido del mar y la experiencia sensual del amor.

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A 145 años del nacimiento de Kandinsky

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El próximo 4 de diciembre se cumplirán 145 años del nacimiento de Wassily Kandinsky, pintor y escritor ruso-alemán-francés, creador, por derecho propio, de la pintura abstracta, no sólo porque hizo la primera obra de este género, en lápiz, tinta china y acuarela sobre cartón, en 1910 —y que hoy se exhibe en Museo Nacional de Arte Moderno, en el Centro Georges Pompidou, en París, lugar que resguarda el fondo más amplio de la obra del pintor—, sino porque dotó de múltiples razones ese concepto que revolucionó el arte moderno.

 

Él provocó esa revolución, al lado de Mondrian, Malevich, Kupka y Delaunay, al encargar a todo pintor “rearmar” espiritualmente al ser humano, víctima del creciente materialismo de una época convulsa: “Bello es lo que deriva de una necesidad psíquica interior […] El color es la tecla. El ojo es el macillo. El alma es un piano con muchas cuerdas. El artista es la mano que, con ésta o aquella tecla, hace vibrar el alma” (De lo espiritual en el arte, 1912).

 

Su obra constata ese principio que para él fue rector. Después de un primer periodo de creación, en la que asentó su dominio del paisaje postimpresionista —recuérdese el extraordinario óleo “El jinete azul”, de 1903—, Kandinsky supo conjugar su propio impulso romántico y espiritualista con el rigor analítico del abstraccionismo suprematista, derivado de su paso por la escuela de diseño, arte y arquitectura Bauhaus, que lo inscribe en la tradición estética de principios del siglo XX.

 

Además, la obra de Kandinsky se emparenta con la música. Es conocida su admiración por las composiciones del austriaco Arnold Schönberg (1874-1951), cuya música conoció en un concierto celebrado a principio de enero de 1911, y con quien trabó una larga amistad creativa, pues Schönberg también pintaba. Esa identificación produjo vertientes de inusitada originalidad en la obra de Kandinsky, alentó la incorporación del ritmo en su obra y las reminiscencias folclóricas y populares de su patria de nacimiento.

 

Se suele recordar poco a Kandinsky. En Madrid, España, el Museo del Prado abrió una muestra del acervo del Hermitage, que contiene algunas obras del pintor ruso, junto a otras obras maestras resguardadas por el museo de San Petersburgo. Sin embargo, el legado de Kandinsky sigue presente en los pintores de hoy, no sólo por la vitalidad de la pintura abstracta, sino por el principio que enarboló el ruso: “Cualquier creación artística es hija de su tiempo y, la mayoría de las veces, madre de nuestros propios sentimientos”.

Strong, de Carmen Fuerte y Jazzociados

En días recientes, en el marco del Festival Internacional Quimera, en Metepec, el grupo Carmen Fuerte y Jazzociados presentó Strong, su más reciente disco, el primero con temas compuestos por los miembros de grupo. Por mediación de mi amiga Gabriela Canto he podido escuchar esta pequeña joya del jazz hecho en el Valle de Toluca. Si ya antes me había impresionado El Laberinto del Caos, ahora el grupo de Carmen Fuerte viene a confirmarme que no todo está perdido en el jazz de estas tierras. Al contrario: hay renovado optimismo por esta música querida. Con 12 exquisitos temas de soluciones musicales claras y contundentes, espontáneas y creativas, impecables, precisas, Strong viene a inscribirse en esta tradición de producir música desde el conocimiento hacia el goce. Ya lo necesitábamos. Enhorabuena.

El búho va de caza

Este pequeño volumen de poemas tiene el provocador subtitulo de “Haikús”, en alusión a la forma breve de composición de origen japonés. Está firmado por Emiliano Salgado Mendoza (1924), maestro de la lengua con una larga trayectoria en la música, la plástica y la poesía, con exploraciones en la narrativa para niños. En este libro editado por la Universidad Autónoma del Estado de México en 2010, Emiliano Salgado ejercita el verso breve, la reflexión aguda y la contención de una forma que, antes de limitar, conduce a decir con precisión. Y debo decir que sale bien librado. Sus poemas revelan una voz ingeniosa, sólida y certera, una voz que respeta el canon literario y a partir de él crea vívidas impresiones de honda poesía. Este es un ejemplo:

 

Un vuelo altivo

Y un trono de cumbres.

Águila real.

Humores a deshora

En días recientes, mis amigos me han regalado dos libros y un disco. El primero de ellos es Humores a deshora, del poeta Javier España (1960), un libro en ensayos sobre poetas y poesía, publicado apenas este año pero que recopila textos escritos a lo largo de los últimos 20 años. A nuestra vista desfilan las reflexiones sobre la obra de José Lezama Lima, Carlos Pellicer, Octavio Paz, Rubén Bonifaz Nuño, Raúl Renán y Raúl Cáceres Carenzo, construidas con la parsimonia de un observador preciosista y asombrado, tal como se constata en sus líneas. Javier España emplea el conocimiento de la crítica de la poesía, desde la creada por los propios poetas hasta la que enarbolan los filósofos del lenguaje, para desarticular el montaje literario de la obra de aquellos autores, y dialogar en torno de las ideas estéticas que aquellos expresan.

 

Más allá del convencimiento intelectual, Javier España nos transmite su pasión por la poesía y la lectura de sus intérpretes. Es, en este sentido, un explorador de mundos paralelos, a los que podemos acceder, en principio, leyendo este libro, publicado por el Gobierno de Quintana Roo. Enhorabuena, maestro.